Juicios en Torno al Estallido Social

Oct 24, 2019 Varios

Juicios en Torno al Estallido Social

Por Manuel De Ferrari
20/10/19

El lunes recién pasado comenzó a fraguarse lo que derivó en un estallido social, con características que aún no terminan de configurarse y un desenlace incierto. En plena trayectoria de los acontecimientos comparto la siguiente reflexión.

  1. Algunos juicios de diagnóstico
    • Desde hace mucho tiempo en Chile se incuba y, cada vez más se consolida, una sociedad de privilegios e injusticias producidos por una elite que detenta el poder económico, a partir de un modelo privatizado -liberal, y domina el rango de acción del poder político, a partir una constitución con amarres diseñados en dictadura.
    • En la otra cara de la moneda hay un sector, no pequeño, que se intenta acomodar al sistema con la expectativa de hacer realidad la oferta que se le hace con base en la propaganda y en los negociados de las mismas elites. Hay otro sector, el mayoritario, que vive del rebalse, en la marginalidad territorial, cultural, económica, política, social y de expectativas.
    • El sector que se ha acomodado vive, sin embargo, enajenado en la lucha por escalar y mantenerse en el peldaño logrado, a costa de una existencia agotada y angustiada por las deudas, las exigencias de apariencias y el estrés causado por la amenaza permanente de caer del escalón, antes del momento de la jubilación, cuando tendrá una caída irremediable. En el sector que vive de las sobras están los protagonistas del baile de los que sobran. No tienen ninguna expectativa de acceder a una cuota de poder de decisión mínimo que les permita avizorar siquiera la posibilidad de participación digna de los bienes.
    • Una sociedad que se va consolidando paulatinamente de esa manera, a la larga sólo podrá mantenerse tal cual por una infinita capacidad de la mayoría para soportar la humillación y la desesperanza o bien por una imposición forzosa manejada por quienes detentan el poder, a través de diversos medios, sean estos violentos o no. Pienso que una mezcla de ambas cosas se había producido hasta el lunes pasado, cuando al parecer el mecanismo de la humillación y el de la imposición no soportaron más presión y se produjo el estallido social.
    • El estallido social se produjo porque la humillación dio paso a la furia y el sometimiento a la rebelión. Rebelión plenamente justificada, esperable y deseable éticamente si no aceptamos la injusticia y la inequidad que se habían institucionalizado y se proyectaban sin fin.
  2. Algunos juicios sobre los acontecimientos y sus actores
    En ese nuevo escenario hay que interpretar los comportamientos y pensar las alternativas para intentar recomponer la convivencia.
    • Juicio sobre la violencia del estallido. Ese comportamiento es una reacción irracional de la humillación llevada al límite y es también el último recurso de la rebelión. La mayoría marginada vio inoperante, por décadas, sus intentos para que fueran respondidas sus demandas por dignidad y por algo de equidad: en el ingreso; en la pensión de vejez; en la calidad de la salud, de la educación, del transporte público, de la vivienda y su entorno. Dignidad y equidad en el trato; en las oportunidades; en el acceso a la justicia y a la participación política. Todos estos aspectos se viven en Chile de una manera tal que lo hacen uno de los países más desiguales de la región. Diagnóstico archi conocido y reclamo archi desoído.
    • El hecho de que sea por la violencia del estallido social que se esté tomando conciencia real de la magnitud del problema y de que es imperativo hacer un nuevo contrato social, confirma que cuando la demanda pacífica no ha dado resultados por 30 años, surge la violencia como último recurso eficaz para hacerse oír. Ese desenlace no es responsabilidad del pueblo que se rebela, sino de las elites que se ensordecieron. El derecho a la rebelión y el uso de la fuerza sometida a la proporcionalidad, son considerados aceptables por la filosofía política y por la ética en determinadas circunstancias, de manera que no se le puede descalificar por principio. En este caso, se puede juzgar que el estallido violento se debió a una reacción catártica irracional y como método estratégico utilizado como último recurso, exculpable por ser consecuencia de una humillación acumulada.
    • Juicio sobre la reacción del gobierno. La elite gobernante tuvo una actitud displicente y sorda ante el problema planteado con el alza de los pasajes de Metro, que fue el detonante de la rebelión como la gota que rebalsa el vaso. Si bien es cierto que la inequidad y la humillación se vienen instalando desde períodos gubernamentales anteriores, la altanería de las autoridades de este gobierno ha golpeado sistemáticamente la dignidad del pueblo en los últimos dos años. El gobierno de la derecha política no ha sintonizado con las necesidades de las mayorías marginadas y, peor aún, en su lenguaje verbal y no verbal se ha burlado de ellas. Así se han oído últimamente las declaraciones de ministros de estado, mientras el discurso del presidente se vacía de credibilidad debido al abuso de sus privilegios y a su lenguaje ampuloso y grandilocuente. Esta reacción de las autoridades cae además en el terreno de una percepción acumulada sobre el gobierno como aliado de los ricos en la defensa de sus intereses y como escudo de las fuerzas armadas y carabineros, a pesar de sus violaciones a los derechos humanos y desfalcos al fisco. En este contexto, la pretensión del gobierno de estigmatizar el estallido social tiñéndolo como vandalismo delictual, solo confirma que está desconectado de los grandes sectores que se sienten humillados, lo que sólo dificulta la solución.
  3. Algunas consideraciones para la salida
    • Sobre la forma de lucha. Del estallido social es indispensable pasar a una forma de lucha estable, prolongada y adecuada a la situación. La forma de lucha en estas circunstancias debe pasar con prontitud a ser política y usar los canales, las estrategias y las acciones de la política. La violencia es un medio que sólo se justifica en casos extremos en períodos acotados, como reacción inmediata y acción de advertencia, pero nunca como medio permanente, principalmente porque en la violencia institucionalizada siempre vence el poderoso y pierde el débil. El fin justifica los medios (sí, no me equivoqué), en el sentido de que es el fin el que justifica los medios, porque los medios, por ser medios para algo, no se justifican por sí mismos. Los medios que se escogen para un fin deben ser conducentes al fin y ello se juega en la coherencia entre el medio escogido y el fin por alcanzar. Por ello en el caso del estallido social, luego de pasado el impacto inicial, es indispensable encontrar los medios de acción que se asimilen y preparen, en la misma utilización como medios, el logro a alcanzar. Estos serían medios coherentes con las características de una sociedad justa, equitativa, democrática y participativa, como la que se aspira a construir. Urge encontrar esos medios y pasar del estallido de violencia a un estado de deliberación y resolución políticas.
    • Sobre pilares de la salida. Me parece que la salida debe andar sobre dos pies: un pacto social con medidas inmediatas y una nueva constitución que de estabilidad a un nuevo modelo de sociedad.
    Para el pacto social el gobierno debe cambiar su interpretación de los hechos. Debe reconocerlos como un estallido social legítimo e irreversible y disponerse a modificar su itienerario gubernamental para responder a necesidades apremiantes de los grandes sectores marginados y de los apremiados por las condiciones del modelo económico. El nuevo itinerario debe delinearlo mediante soluciones negociadas con representantes de los tres poderes del estado, que incluya al espectro político opositor, y con representantes de las organizaciones territoriales, funcionales y no gubernamentales de la sociedad civil organizada.
    Para la nueva constitución se deben generar las condiciones legales y procedimentales que permitan construir de manera ampliamente participativa y deliberativa el articulado completo de una nueva constitución que sea el reflejo y ponga las bases para la construcción del nuevo orden institucional para un Chile diverso, integrado, equitativo y sustentable.

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