Las mujeres en contexto de pandemia

Jun 23, 2020 Doris Muñoz, Reflexiones
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“Lo que hace la crisis del COVID-19 es agudizar las desigualdades, y una de ellas es la desigualdad de género” (María Inés Salamanca, directora de ONU Mujeres en Chile).

Hacer un diagnóstico de la situación de las mujeres en estas circunstancias es complejo. Por lo mismo, aquí solo intentamos abordar su grave problemática desde los testimonios de aquellas que son parte de la red del CEDM y de algunas voces que se expresan en instituciones y colectivos feministas. La situación de las mujeres, ya desigual desde milenios, en la actualidad se ve gravemente afectada por la pandemia del Covid 19 en todo el mundo. Sin embargo, en el contexto neoliberal chileno que agudiza la desigualdad esto es aún peor; y si se mira la situación con lentes de género, lo que viven las mujeres y las personas excluidas es crítico.

¿Cómo sobrevivir a la pandemia en un país donde la autoridad política apuesta a un modelo económico neoliberal salvaje y no tiene escrúpulos en privilegiar las ganancias de los grupos económicos por encima de la vida miles de personas? Más aún, cuando sabemos que incluso en medio de la crisis esos grupos siguen aprovechándose de estas circunstancias para lucrar. ¿Cómo se hace para poder estar atentos frente a un gobierno que tiene una pésima gestión sanitaria de la pandemia y se niega a implementar una estrategia que privilegie la salud de la población como fue lo aconsejado por distintas instituciones expertas en la materia? Esta crisis podría tener muchas menos personas muertas, así lo demuestra la experiencia de otros países de la región y tal vez con menos recursos disponibles. Ciertamente esto es una inmoralidad y por ello, un escándalo.

Las cifras hablan claro y son alarmantes considerando la población del país. Aunque el virus llegó primeramente a los barrios ricos de Santiago las personas que mueren diariamente en los hospitales públicos son mayoritariamente gente que no contó con los medios necesarios para sobrevivir a la pandemia ni con los debidos resguardos del Estado para guardar la cuarentena. De ahí entonces, la situación de crisis máxima que se vive en las barriadas y en los focos de alto hacinamiento en el centro de la ciudad que estaban invisibilizados, varios de los cuales son lugares en donde viven personas migrantes en condiciones miserables y que se han transformado en caldo de cultivo para el Covid 19. Sin duda, las personas que viven de empleos precarios y que son parte de la economía informal, son las más vulnerables en el sistema, por cuanto están obligadas a salir a buscar el sustento diario en medio de la cuarentena, con escasa o nula protección. Ellas no tienen derecho a sentir miedo. Viven el total abandono a su suerte.

Esto se traduce en el peor escenario: estar sufriendo una pandemia en contexto de total desconfianza de las autoridades empeora considerablemente la situación.

¿Qué está sucediendo en las barriadas con la gente? ¿Cómo están viviendo las mujeres el encierro en sus casas?

Impacto en la salud de las mujeres.

Cuando se preguntó a las mujeres líderes cómo estaban viviendo esta pandemia, la mayoría compartió que con altos niveles de miedo e incertidumbre respecto de esta situación inédita. Una respuesta que grafica los testimonios de las mujeres dice así: “Con tristeza, por tanta gente que va muriendo, con miedo a contagiarme, con incertidumbre del futuro inmediato, día a día empeora la situación. Para sumar a esto la gente de escasos recursos nos vemos y sentimos más vulnerables; siento impotencia por los mayores casos de violencia hacia las mujeres, también miedo por perder mi trabajo, lo mantengo (teletrabajo) pero a costa de una auto explotación (más de 8 horas) por miedo a perder mi trabajo”.

Testimonios como estos se repiten. Muchas mujeres comparten que están viviendo una situación límite; existe mucho miedo a contagiarse y morir, tristeza por la muerte de personas que aumenta cada día en forma alarmante, sentir que el virus empieza a afectar a personas de su familia o círculo cercano. En síntesis, se vive la inseguridad y vulnerabilidad máxima frente a la pandemia en condiciones de creciente precariedad social (sistema de salud colapsado, cesantía, etc.). Hay que agregar a esto, el miedo de las mujeres mayores que saben que, si se enferman, no tendrán una cama disponible, porque no son prioridad para el colapsado sistema de salud pública.

Según un estudio del Observatorio de Género y Equidad, “de las mujeres encuestadas, 12% siente miedo, 21% siente angustia, 33% intranquilidad y 30% ansiedad, todos sentimientos que dan cuenta de cómo está pesando la vida cotidiana. Su percepción de la gravedad es superior a la de los hombres, 44% considera que es más grave que lo que esperaban y 38% en mucho más grave, superando en 8% a los hombres. Al mismo tiempo, su pesimismo es mayor: para el 38% de las mujeres, la economía tardará en recuperarse en más de 2 años, con 10 puntos de diferencia con el porcentaje de hombres que piensa igual”.

Lo anterior, implica que la salud mental de las mujeres se ha visto más afectada, lo que se reafirma en los planteamientos de María Isabel Matamala1, profesional de la salud: “permanentemente, incluso sin pandemia, la salud mental de las mujeres está en la cuerda floja…desde siempre estamos en esa primera línea de los cuidados de otros, otras y otres al interior de los hogares (…) En esta pandemia nos encontramos con que a ese trabajo cotidiano, se suma el cuidado que nos indican todos los protocolos que tenemos que solventar a nivel de hogares y sabemos perfectamente que ese trabajo lo sustentan las mujeres”.

Esto se transforma en una carga excesiva y desgastante para la mayoría de las mujeres, que sin duda afecta también la salud corporal, por cuanto es bien sabido que las situaciones de estrés permanente generan distintas dolencias corporales, afecta la calidad del sueño y con ello la salud integral. Además, se debe considerar que todos los servicios de salud están dedicados a responder a la emergencia de la pandemia. Esta situación crítica se potencia con el encierro en su doble dimensión; por una parte, viviendo en el peligro del hacinamiento y la violencia doméstica y, por otra parte, lejos de sus grupos y redes de apoyo. Aunque, con todo lo que puedan ayudar en estos momentos las redes virtuales, no todas cuentan con medios y tampoco reemplazan el contacto físico y la contención del grupo o comunidad

Impacto en la calidad de vida

Ahora más que nunca las mujeres siguen siendo las que conducen la familia: cuando la tienen… Con otro “hijo” marido agregado todo el día en casa… Cuando tienen marido y casa. Mujeres que siguen siendo las que llevan la carga,  tienen  tremenda “espalda” como dicen ahora para además de multiplicar los panes, agregar a sus múltiples tareas la de profesora via internet… Deben sentirse agobiadas con la escuela por internet pa los hijos… Tecnología que muchas veces no existe en casas de pobladoras… Siguen viendo cómo los hijos jóvenes ya no están en la primera línea en Dignidad y no creen mucho que esta pandemia les afecte y la madre no tiene cómo detenerlos y se le escapan pa la calle… Además, las mujeres que tienen compañero, marido ya no insisten en que el viejo consiga trabajo: ella sabe que no hay… Ella, la que siempre ha estado sola con sus hijos haciendo cierto lo que dijo Salazar: Chile país de huachos… Chile solo con Madres… Ellas se las siguen rebuscando, hacen fila, cargan con las abuelas, con los abuelos… y ella pone la TV para distraerse… Y mira cómo la preocupación del $hile es abrir o no los mall… Y ella sigue amando a su gente… Ella sigue ahí escuchando pelotudeces como: comer sano, hacer ejercicio, dormir, tener horario, calendario… escuchando consejos de cómo comprar solo lo que necesita, no malgastar…”.

Este relato da cuenta de dos realidades paralelas, la cruda realidad de las poblaciones y el mundo que muestra la TV; dos mundos que no se encuentran y que, de alguna manera, muestran quiénes pueden cuidarse y quiénes están viviendo al margen de cualquier protección. Son relatos que se repiten con distintas frases en muchas de las entrevistadas y se refieren al impacto de la crisis al interior de las familias; hoy, el problema es de sobrevivencia, de comida. La falta de trabajo se ha traducido en hambre.

Tal como ocurre en situaciones de catástrofes, las mujeres y personas débiles como niñas/os, adultos mayores y otras, son las más perjudicadas. Si bien toda la población está expuesta, sin duda las mujeres están sosteniendo los grupos familiares y con ello se ha triplicado el trabajo doméstico y las dimensiones de éste como se expresa en el testimonio. Otras realizan teletrabajo, además del trabajo de la casa y otras se ven obligadas a salir para conseguir unos cuantos pesos mediante un empleo informal en medio de la pandemia.

Los datos en Chile ya daban cuenta de la desigualdad de género. Pero, según el Observatorio de Género y Equidad2 “el impuesto de la crisis se paga con la vida de las mujeres” por cuanto el peso que recae sobre sus hombros es significativamente mayor que en los hombres. Son las mujeres más pobres las que sufren con el aislamiento social, por cuanto la mayoría sobrevive de empleos informales, sin embargo, las grandes empresas siguen funcionando.

El impacto de la pandemia en el trabajo de las mujeres.

Sin duda la precarización laboral de las mujeres es uno de los aspectos más preocupantes. Según los datos del INE, el desempleo de las mujeres aumentó respecto del año pasado alcanzando ya un 9,9%, que equivale a 374.340 mujeres. Lo más grave es que, según la misma fuente; “existen 4,2 millones de mujeres fuera de la fuerza de trabajo, es decir que no trabajan ni están buscando un empleo, lo que aumentó 12,8% interanual. Con esto, la tasa de participación laboral femenina (de las mujeres en edad de trabajar) bajó a 47,3% desde el 52,1% del trimestre móvil terminado en marzo. Este es el menor registro desde octubre de 2010, cuando se situaba en 47%. Recién en 2013 se había logrado por primera vez alcanzar el 50%, situándose desde ese año gran parte del periodo sobre ese nivel. El peak fue 53,3% en enero pasado. Pero en un mes la pandemia borró 10 años de un lento avance de la inserción en el mundo del trabajo femenino. En el caso de los hombres también bajó de manera relevante, hasta 69% desde 73,3%.3

Estos datos muestran un gran retroceso en las conquistas de las mujeres, un deterioro en la calidad de vida y un alto impacto en los grupos familiares más empobrecidos. Según los datos entregados por el Observatorio de Género, la encuesta CASEN 2017 arrojaba que en Chile “el 42,4% de los hogares está encabezado por una mujer lo que representa casi el 50% de los hogares del quintil más pobre y el 9,2% bajo la línea de pobreza, en que un tercio de las mujeres carece de ingresos autónomos, cuando su ingreso promedio no alcanza a los $ 300.000, y sólo $ 120.00 en el quintil más pobre, con una brecha reconocida de 22% promedio con los ingresos de los hombres”. Ciertamente las mujeres cargan con el mayor peso de esta crisis, lo que ya está afectando en otras dimensiones de su vida.

Violencia intrafamiliar y salud reproductiva.

El peligroso aumento de la violencia contra las mujeres y las niñas durante el confinamiento, ha vuelto a encender las alarmas y a hacer las preguntas sobre cuánto se ha avanzado realmente en las relaciones de género. Ya había estudios que daban cuenta de que, a pesar de haber tenido mujeres en altos cargos en el país, esto no ha mejorado sustancialmente la equidad de género. En el primer mes de la cuarentena, aumentó un 70% las denuncias por VIF en los teléfonos de emergencia lo que indica que además del excesivo y variado trabajo que tienen que realizar en las casas, tienen que soportar la violencia ejercida por sus parejas. Esto también afecta la salud mental de las mujeres y las niñas. Al respecto la doctora Matamala enfatizó que “la tensión permanente del dominio patriarcal al interior de los hogares (…) el control permanente, el ver a la mujer como un objeto de posesión es tremendamente desgastante para ellas. Todo esto va minando su salud mental”.

Mauda Cuminao4, encargada de un programa de prevención de VIF, cada día recibe demandas con distintas formas de violencia que sufren. Ella comparte que: “La situación actual es preocupante para las mujeres. De acuerdo a sus propios contextos, pero sin duda la gran mayoría de las mujeres están preocupadas de las y los demás, menos de ellas. La situación económica que se está viviendo es la que causa preocupaciones, frustraciones, malestares que las lleva a descargar todo lo acumulado negativamente en las hijas e hijos. Las violencias son pan de cada día en muchos hogares sin poder ver la salida de lo que están viviendo. Donde escuchan por todos los medios de comunicación que hay que quedarse en casa para salvar sus vidas. Y ahí nace la discordancia; quedarme en mi casa para no morir por la pandemia o en mi casa para que me maten. Hoy una mujer me llama para decirme: ‘¡tengo ganas de tomar el auto y mandarme a cambiar de casa y dejar a mis hijos y no me importa lo que pase con ellos, lo he pensado muchas veces!!!’”.

En las cifras de violencia intrafamiliar, también se debe incluir la violencia sexual y el abuso sexual a menores, lo que implica también aumento de embarazos, especialmente por la falta de métodos de anticoncepción y dificultad para acceder a tratamiento médico. Por ello, los colectivos y organizaciones en defensa de la salud reproductiva están en alerta, por cuanto en este contexto: “Se despriorizaron todas las atenciones que no sean las de la pandemia, entonces las mujeres se han visto en situaciones de crisis de anticonceptivos y de atención, incluso a lo que implica la Ley de aborto en 3 causales que no se está cumpliendo”. La doctora Matamala también alertó en cuanto a que: “Además de los problemas de salud mental a la salida de la pandemia, vamos a tener también un problema con el aumento de los embarazos no deseados tanto de mujeres adultas como aquellas adolescentes o niñas que incluso han sido violentadas sexualmente dentro de sus hogares. Nos preocupa tremendamente y nos estamos ocupando en el monitoreo social para que este diagnóstico nos sirva para refrendar la denuncia que hoy estamos haciendo”.

En síntesis, son distintos aspectos de la crisis, aunque al parecer los problemas comunes que afectan a la mayoría es la violencia intrafamiliar, el empobrecimiento y vulnerabilidad social y la salud (física, reproductiva y mental), aunque afecta de manera distinta según sea su identidad de género. Por lo tanto, es necesario explicitar que, si bien la mayoría de las mujeres está afectada, el impacto mayor lo sufren las mujeres empobrecidas de los barrios populares, las mujeres migrantes –especialmente las haitianas que hablan otro idioma-, las indígenas y las mujeres mayores.

Todo lo anterior, da cuenta del grave retroceso en la calidad de vida de las mujeres en cuanto a la pérdida de ciertas conquistas que ha costado mucho ir instalando, como son los esfuerzos por compartir el trabajo doméstico y el cuidado de las y los hijos, posibilidad de avanzar en conquistas laborales, etc. Sin embargo, un aspecto mucho más preocupante es el aumento de la violencia física y sexual. Esto indica la gran tarea pendiente que tiene esta sociedad, respecto de la normalización de la violencia ejercida por lo hombres en contra de las mujeres y las niñas en situaciones de crisis y, en este caso, de confinamiento. Pareciera que los cambios no han logrado transformar las subjetividades masculinas, como tampoco la estructura económica y laboral y ha quedado en evidencia un patriarcado que se reproduce desde el espacio más íntimo hasta la superestructura económica y social.

Ciertamente, en medio de la crisis han ido surgiendo diferentes acciones para responder a las necesidades más básicas, sin embargo, aún queda mucho por hacer, especialmente avanzar en políticas públicas tendientes a conseguir cambios estructurales que mejoren las condiciones de vida de las mujeres. Lamentablemente, el Ministerio de la Mujer y la equidad de Género no han estado a la altura de las circunstancias, lo cual hace suponer que se deberá trabajar para poner mayor presión a las demandas urgentes que demandan las mujeres.

Doris Muñoz Vallejos
Teóloga – CEDM

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1 María Isabel Matamala es médica en salud reproductiva, activista feminista, médica en salud colectiva; entrevistada en “Mujeres en sintonía”, programa de la Red de mujeres contra la violencia.

4 Mauda Cuminao es parte del Equipo de SEDEC de la IMECH, VIII Región y está dedicada a educar en prevención de VIF.

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