CEDM: un aprendizaje ecuménico con historia

Por Raúl Rosales C. *

Con motivo de la celebración de los los 30 años del Cen­tro Ecuménico Diego de Medellín (octubre de 2012), el autor destacó los aspectos centrales de la historia de esta institución relevando los aprendizajes adquiridos que proyectan al Centro al futuro. Esta es ya una reflexión compartida:

En lo que sigue intentamos compar­tir algunos de los diversos aprendi­zajes significativos que brotan del caminar ecuménico del apreciado CEDM (1):

1.- El primero, tiene que ver con lo que aprendemos de la iniciativa misma que tuvo un grupo particular de personas que se juntaron en 1982 y decidieron crear un espacio para incidir y transformar su realidad; en otras palabras, para expresar una vivencia religiosa significativa con su dimensión comunitaria y li­beradora nacida del Evangelio. Este aprendizaje, además tiene un valor especial por el difícil contexto en el que surgió la iniciativa llamada CEDM. Se vivía en el Chile de 1982 una experiencia de dictadura total: después de la Constitución del 80 impuesta por el Dictador era difícil pensar que se pudiera hacer algo, incluso las primeras protestas popu­lares que se levantaron contra el ré­gimen se interpretaban como esfuer­zos desesperados pero sin ninguna viabilidad política. Sin embargo, ese contacto con la base que tenían los/as fundadores/as del CEDM les daba cierta osadía para retar los lí­mites impuestos. Lanzándose en la idea. Pensaban y creyeron en su proyecto. Esta acción decidida y a contra-corriente, nos deja plantada la posibilidad de seguir creyendo que es posible una acción cuando se está convencido de la justicia de la misma y se precisan sus objetivos y metas.

El primer aprendizaje, entonces, es saber que por muy cerrado que esté el espacio público se puede abrir con algo de voluntad y de espiritualidad. Nadie hubiera pensado que en un contexto de tanta adversidad germinara esta semilla liberadora. Cuán importante son las personas que se juntan a colaborar tras un proyecto determinado. Cada momento es una oportunidad para la creatividad y el sueño humano.

2.- Otro aprendizaje, se da en tomo a la experiencia ecuménica desarrollada en estos 30 años. Lo ecuménico ha sido la dimensión religiosa específica del quehacer del CEDM. Los espacios de encuentro y formativos vinculan, reconocen y valoran la diversidad religiosa de nuestro medio nacional. Este trabajo conjunto no ha resultado fácil, sin embargo, se ha aprendido a construir espacios comunes en que cada uno/a se sienta en casa, en que cada uno/a se exprese en este coro plural de las múltiples voces que invocan lo sagrado. Esta experiencia vivida manifiesta también que el quehacer ecuménico va dando pasos acelerados a un urgente macro-ecumenismo, requerido por la dramática crisis civilizatoria a la que asistimos los seres humanos hoy día.

3.- Un aprendizaje significativo es lo que nos deja el dinamismo de los contextos: el Centro se ha ido adaptando creativamente a los “signos de los tiempos” y a las demandas que surgen de los nuevos contextos: se han asumido los temas del feminismo, la objeción de conciencia al servicio militar obligatorio, la cultura de paz, la sexualidad, el género, el VIH, la diversidad, la sustentabilidad, el agua, la economía solidaria, la cosmovisión, la ética, la no-discriminación, la ciudadanía, etc. Las temáticas de nuestros orígenes vinculadas a la apertura traída por la teología de la liberación se han ido dejando interpelar por los nuevos desafíos y las nuevas opresiones. Más aún, cuando ya la vieja relación entre fe y política actualmente es revisitada novedosamente por los movimientos estudiantiles. En todos estos cambios de contexto vamos lentamente aprendiendo a abrirnos a otras sabidurías, gracias al encuentro con los múltiples conocimientos presentes en nuestras culturas y en todas las personas con las que nos relacionamos cotidianamente.

4.- En este mismo plano, también la espiritualidad es redescubierta como el entusiasmo que nos envuelve. La espiritualidad cristiana de liberación va adquiriendo diversos rostros en la trayectoria desarrollada por el CEDM, va adquiriendo diversas características: cotidianidad, ubicación espacio temporal, creatividad en diálogo con lo intercultural, con el pluralismo religioso. Así, la espiritualidad poco a poco se va reconociendo como un derecho humano. Todo ser humano tiene derecho a la espiritualidad para poder desarrollarse como ser humano. Y cada vez más las personas reclaman espacios para desarrollarla en los nuevos contextos y realidades que les toca vivir. En este sentido, el CEDM tiene un acumulado de experiencia acerca de este conocimiento espiritual que demandan las personas y grupos inquietos y en búsqueda. Personas que empiezan a re-valorar lo comunitario, las cosmovisiones de los pueblos originarios, que abren espacios para el cuidado de la madre tierra y toda la creación, pasando por el buen vivir. Se trata, de una espiritualidad como derecho de todos los seres y no apropiada por ninguna institución religiosa.

Así, el CEDM tiene la gracia de ser parte de este gran observatorio de la realidad que acontece en medio nuestro, conjuntamente a todos aquellos pequeños grupos que creativamente van transformando su realidad y la del mundo que los rodea, pertinaz y tercamente…

Nota:

1 Revista Pastoral Popular Nº328, Pág. 10