Política y Ética

La desconfianza invade todos los ámbitos y con asombro vemos problemas éticos, donde muchas veces la realidad supera la ficción.

Ofrecemos:

1. Talleres para comunidades y liderazgos comunitarios

  • Planificación comunitaria

  • Diagnósticos de necesidades locales

  • Compromiso político, ética y espiritualidades

  • Ecumenismo e incidencia público política

Todos nuestros talleres se caracterizan por una metodología que parte de las situaciones vividas por los/as participantes y recoge los aprendizajes y fracasos realizados para proyectar nuevas iniciativas: autónomas, creativas y solidarias.

2. Asesorías y cursos

  • Para comunidades de fe que buscan tener una relación sinérgica con sus contextos y los demás actores presentes en sus territorios

  • Para movimientos sociales interesados en desarrollar la dimensión de espiritualidad (interioridad/profundidad) que anima y acompaña toda acción personal y comunitaria.

Fundamentación:

Una acción ecuménica: el trabajo en el ámbito de la ética política en medio de comunidades de fe

Chile ha consolidado una democracia puramente electoral. De modo que, junto a esta democracia electoral persiste y se agudiza peligrosamente una pérdida de confianza en la institucionalidad política. En el largo y masivo paro de estudiantes en 2011 difícilmente se pudo recurrir a alguna institución que pudiera mediar en el conflicto por la falta de confianza de los estudiantes hacia ellas. Además, las protestas en la calle son ignoradas o se encuentran con una represión excesiva de parte de las Fuerzas Policiales.

Los partidos políticos y el Congreso son las instituciones que exhiben los niveles más bajos de confianza social. En los últimos años se ha revelado una serie interminable de escándalos de corrupción vinculados al financiamiento de la actividad política por parte de las empresas, que han deteriorado aún más la confianza. La corrupción y la división interna en el gobierno hacen que se vea difícil que se cumpla el programa de reformas sociales prometidos en las campañas, aumentando así su deslegitimización. Como resultado, existe un progresivo descenso de la participación electoral, en especial por parte de las generaciones más jóvenes y hay desigualdades manifiestas en la posibilidad de influir sobre las decisiones políticas y en el acceso y ejercicio del poder, particularmente para las mujeres y los pueblos indígenas. En las últimas elecciones municipales la abstención estuvo en un 65% del electorado. La desconfianza y la imposibilidad de poder influir en los procesos políticos crea un vacío político, que urge a reconstruir referentes de una ética política transparente y participativa.

Se plantea la necesidad de cambiar la Constitución, Carta Magna que se origina en dictadura, y que establece las reglas del libre mercado como intocables, atando las manos del gobierno frente a intereses privados. A pesar de llamar a “un proceso constituyente”, el gobierno no ha dado signos de responder al llamado fuerte de varios sectores de la población a una Asamblea Constituyente para elaborar una nueva constitución democrática.

En particular, Chile tiene pendiente la implementación de diversas recomendaciones en materia de protección de los derechos humanos, que se desprenden de los exámenes periódicos de los órganos encargados de fortalecer la promoción y protección de éstos a nivel mundial y de los tratados en materia de derechos humanos firmados y ratificados por el país. A modo general, las recomendaciones resaltan la necesidad de avanzar en el reconocimiento de los derechos económicos, políticos, sociales y culturales de los pueblos indígenas, en el desarrollo de políticas interculturales y la regulación del derecho a consulta establecido en el Convenio 169.

Aunque existe un descontento generalizado sobre la situación política, desde la perspectiva de una ciudadanía crítica, todavía falta avanzar en mejores niveles de asociatividad que sostengan una participación real de todos los actores fortaleciendo la participación política de una sociedad civil informada y con capacidad de incidir y exigir masivamente y de forma pacífica sus derechos.

A nivel poblacional, la gran mayoría de las comunidades no se involucra en lo político y se requiere mucho esfuerzo para que se organicen en aquello que les afecta más directamente. Por ello, los espacios existentes a nivel local y territorial como juntas de vecinos y mesas barriales cuentan con escasa participación de los/as pobladoras. Se suma a la crisis de las organizaciones sociales el daño causado por el tráfico y micro-tráfico de drogas que ya empieza a afectar a algunas familias de las mismas comunidades de fe que aún se niegan a reconocer el problema.

De acuerdo a los últimos diagnósticos realizados a nivel de comunidades para caracterizar el mapa territorial de organizaciones de su entorno, se constata que las comunidades de fe tienen escaso relacionamiento con las organizaciones existentes en el territorio. Aquí hay una tarea pendiente.

En la dimensión ética se percibe una actitud negligente que transfiere siempre a otros la responsabilidad de resolver las necesidades comunes. Existe una comodidad y pasividad moral en las personas que no se responsabilizan de la gestión de los bienes comunes de su entorno. En la población, esto se expresa en que algunos grupos se movilizan únicamente para conseguir proyectos asistenciales. Cayendo en la trampa de los gobiernos locales que trabajan sólo con clientelas políticas.

Constatamos síntomas de debilitamiento de las comunidades, conflictos internos sin resolver, el cansancio de los dirigentes y la desmotivación comunitaria que las afecta. Haciéndose necesario desarrollar múltiples talleres de resolución de conflictos debido a que los climas comunitarios se encuentran claramente deteriorados y talleres de trabajo en equipo para potenciar nuevas iniciativas recurriendo a la rica memoria histórica de las comunidades, recordar sus valiosos aportes a la realidad poblacional -que ya se empiezan a olvidarse- y comenzar a conversar sobre el sentido de ser comunidad de fe en el presente histórico. En un primer momento, podemos decir que abundan comunidades completamente vueltas sobre sí mismas.

Sin embargo, al poco tiempo de colaboración y de trabajo conjunto las comunidades logran mirar su trayectoria y reconocer la posibilidad de seguir avanzando con su diversidad de aportes, fortalezas, conocimientos y también reconociendo las situaciones que generan conflicto en su interior. A través de la elaboración de diagnósticos participativos, múltiples talleres, foros y espacios de encuentros, los miembros de la comunidad acceden a un conjunto de contenidos que permiten vincular las experiencias personales con la espiritualidad y sus prácticas socio-políticas lográndose un avance en el fortalecimiento de confianzas, entramado social, recuperación de memoria e identidad, ampliación de espacios para el ejercicio de nuevos liderazgos, entre otros. Se avanza en desarrollo humano (en el decir de un dirigente “nos humanizamos”) y en instalación de ciertas capacidades que se consolidan lentamente.

En efecto, la comunidad necesita consolidar sus liderazgos para que puedan seguir trabajando bajo circunstancias muy cambiantes y poder relacionarse más profundamente con las otras organizaciones del territorio comunicando su rica experiencia. En fin, re-politizar su precario accionar comunitario. Así, avanzamos paso a paso con nuestro modelo de acción ecuménica que busca “politizar” a las comunidades de fe en sus territorios a través de una propuesta formativa del liderazgo comunitario que desde la educación popular capacita en las competencias básicas que requiere todo accionar comunitario: reflexionar, planificar, monitorear, evaluar, trabajar en equipo, comunicar y celebrar la fe común, entre otras.